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Aquel árbol pleno de canciones, con pájaros
multicolores, conversaban alegremente. Su dulce repiquetear, se veía como una
blanca lluvia.
Un libro con
una sonoridad erótica, excitaba oscuramente mis fibras más íntimas.
Una sonrisa
plena, dulce como la miel más sabrosa, se despega de su cara, fluye hacia el
encuentro amoroso con otra persona, se funde como el hielo, en un abrazo
caluroso y febril como un témpano.
Un sonido
que trae el viento, pega en mi cara como un terciopelo,
las células
de la piel se desprenden y desvanecen sobre el suelo.
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