Vacilaciones Dic.2014
En el último banco ¿o en el primero? De la vieja iglesia, ¿o de la
nueva? Se sienta un hombre o una mujer?
No, no, un hombre. ¿De cabello negro? No, de panza abultada.
De pronto,
mete la mano en el saco ¿o en el bolsillo del pantalón? Toma un cigarrillo y
comienza a fumar tirándome el humo a la cara ¿O hacia los zapatos? Mis ojos
desorbitados lo miran fijamente, pero el
hombre de sombrero, bufanda y abrigo ¿o de camisa suelta? continúa con su
insolencia como si tal cosa. Entonces mi codo ¿o mi mano? No, mi codo lo empuja discretamente, luego
con cierta dosis de ira ¿o de alegría? Ante la testarudez del hombre, me
levanto y me paro en un rincón.
Más tarde ¿o
más temprano? lo encuentro en un almacén ¿o en la carnicería? acompañado por
una mujer, quien le explica a los gritos ¿o susurrando? Que debe dejar de lado
su horrible y enfermizo vicio.
Retrógrado
La mujer le
explica al hombre que debe dejar su vicio de fumar. Ocurrió en un almacén luego
de que el hombre se sentara en el último asiento, y se pusiera a fumar echando
el humo, sobre la persona que estaba a su lado. Éste empezó a empujarlo con el
codo, para que se corriera. El otro hizo caso omiso, con su cuello regordete y
su panza abultada que no le permitía usar cinturón. Esto ocurrió en el último banco de la vieja iglesia.
Injurioso
En el último
banco de la vieja iglesia se sienta junto a mí, un hombre de cuello regordete
como el del sapo y panza abultada como mujer embarazada de seis meses.
De pronto el
cínico mete su mano en el saco, saca un cigarrillo y el tarado éste empieza a
fumar tirándome el humo en la cara. Para no quedarme atrás le pego un codazo
con furia para que se fuera mirándolo fijamente como diciendo porqué no te vas
un poquito al carajo, gordo con sombrero, bufanda y abrigo, apestoso y
maloliente. Al fin me paré en un rincón para no sacarlo a patadas en el
trasero.
Más tarde,
al loco lo veo en el almacén parloteando como un loro con una mujer, quien le
explica a los gritos que debe dejar su vicio sucio y enfermizo.
De este cuento se derivan las distintas figuras.
En el último
banco de la vieja iglesia, se sienta junto a mí, un hombre de cuello regordete
y panza abultada que le impedía usar cinturón. De pronto, mete su mano en el
saco, toma un cigarrillo y comienza a fumar, y para colmo de males tirándome el
humo hacia mi cara. Mis ojos
desorbitados por la escena, lo miran fijamente pero el hombre de sombrero,
bufanda y abrigo, continúa con su insolencia como si tal cosa. Entonces mi codo
empezó a empujarlo primero discretamente, luego con cierta ira y pidiendo
perdón para que se corriera. Ante la
imposibilidad de lograr algún resultado, me levanté y me quedé parado en un
rincón.
Más tarde lo
encuentro en un almacén, acompañado por una mujer, quien le explica a los gritos que debe dejar de lado su
horrible y enfermizo vicio.