El soñador universal, dueño de todos los sueños, soñó con un
niño, que crecía en una hermosa familia junto a sus padres y tres hermanos.
Su madre soñaba con sus hijos y las tareas de su humilde
casa; su padre soñaba con su trabajo.
El soñador universal le dio amigos en su infancia para que
soñaran juntos.
Sus días transcurrían felices y soñados, con sus juegos
infantiles, que dependían de los sueños del soñado. Los niños del barrio de
Ensenada, compartían sus sueños. Bruscamente
su destino no soñado cambió para irse a un colegio lejano no soñado.
El soñador universal le dio educación y nuevos compañeros. Luego le dio
distintos trabajos soñados para desenvolverse en su vida. El
soñaba con conocer una muchacha. Fue así que el soñador universal se la dio.
La soñada pareja se unió en matrimonio y tuvieron varios
hijos.
El soñador universal le dio las dos perlas más preciosas que
nadie jamás hubiera soñado:
dos nietos de los cuales los soñados daban gracias al
soñador universal, por tan inmenso regalo.