La Falda, Córdoba
Enero 2015
Miro a mí alrededor. El contorno de tus sierras de distintas
alturas se dibuja contra el firmamento: diáfano, azul, limpio. Entre sus cerros
se destaca “La banderita” que en distintos años tuve ocasión de recorrer con
gran esfuerzo para escalarlo. Sobre tus laderas cae como un tapado al
descubierto, los distintos tonos de tu verde vegetación. Caminamos entre
arbustos, espinillos, cortaderas siguiendo el curso del agua. Los cañadones se
extienden, trayendo en épocas de lluvia, el agua torrentosa que nace en tus
entrañas; a su paso se forman ollas de desigual tamaño, formando pequeños
manantiales de agua fresca, ideales para sumergirse y no sentir el calor del
verano.
En las últimas horas de la tarde, se levanta una suave
brisa, cierro los ojos y siento como si
me elevara al paraíso.
Por las noches recorro tus calles, tu principal avenida
“Edén” el nombre más lindo y lleno de esperanza, donde se respira paz, alegría,
tranquilidad. Estás remozada con una fuente en el centro de la rambla, nuevos
negocios te flanquean ofreciendo al turista objetos de todo tipo. En el
comienzo de la avenida se levanta el majestuoso hotel, que diera tanto brillo
en antiguas épocas. Por las noches la avenida se hace peatonal y distintos grupos musicales, malabaristas y
cantantes populares, atraen la atención de grandes y niños. Todos sonreímos,
nos saludamos, dejamos el paso, los autos paran en las esquinas, todo es paz y
armonía.