sábado, 20 de julio de 2013

Desesperación y amistad


Desesperacion y amistad.

Sentados sobre una cornisa de un edificio muy alto, se encontraron una mujer y un hombre. Él le dice a la mujer: mire lo que son las vueltas de la vida, donde nos vinimos a encontrar, ¿Se siente bien? si, tratando de sobrellevar una situación lamentable en mi vida. No me diga, le responde el, yo también estoy en eso. Resulta que durante muchos años, tuve una librería, que era toda mi vida y pasión. Me fue muy bien durante mucho tiempo, pude hacer bastante dinero, pero luego comenzaron a bajar las ventas, aumentaron los gastos, y de a poco me quedé casi sin nada; ahora con mis setenta años, que voy a hacer. Estoy desesperado. Usted, cuénteme, ¿qué le ocurrió? Ella primero le dice: es terrible lo que le pasó, realmente. Yo tengo cincuenta y cinco años, llevaba una buena vida, de trabajo, con mi familia pero hoy temprano salí de compras y entré en un supermercado, y a lo lejos veo a mi esposo, quien caminaba del brazo con una jovencita de unos 20 años. Me quería morir, jamás pensé que mi esposo me haría semejante cosa, él con la edad que tiene. Yo siempre fui una buena esposa, totalmente fiel, nos llevábamos muy bien, pero la vida a veces nos enfrenta a situaciones tan desafortunadas, y sobre todo sin ningún motivo, el alma se me fue a los pies, mi corazón comenzó a latir con fuerza, me di media vuelta y me fui, no podía mirar más. Luego se miraron con una sonrisa y decidieron dejar ese lugar, naciendo así una nueva amistad.

Ensayo.


 

                                                         Ensayo de la rutina

 

Abro los ojos a la nueva mañana recorriendo con la vista mi dormitorio. La casa está en silencio, desperezándose al nuevo día. Coloco mis medias y tomo mis pantuflas ya gastadas por el paso del tiempo. A veces pienso que ellas me preguntan; ¿hoy a donde quieres ir? Yo respondo: a ningún lado estoy muy bien aquí. Preparo mi desayuno con tostadas, queso y mermelada. Mi mente vaga tranquila, tranquila, tranquila. Disfruto del silencio de la casa que me dice tantas cosas. Luego, a levantar las persianas, me encanta que entre la luz y el sol, también la de los dormitorios, y las de delante de la casa. Miro el jardín a través de la ventana, el frio se ha depositado sobre las plantas.  El sol comienza su lento caminar para darnos calor y abrigo. Alguna nube se entrecruza en su camino. Los árboles se ven desnudos, sus hojas se fueron con el viento, la gente pasa por la vereda, con sus abrigos para retener el calor. Me saludo con algún vecino: ¡hola! Respondo al zapatero, tenía tantos zapatos que se olvidó de su esposa.

A mitad de mañana salgo a caminar por la plaza. Veo poca gente caminando, el sol va esparciendo sus rayos, me acaricia la frente y la cara. Escucho los cantos de los pájaros, suaves como melodía lejana y allá muy arriba en los árboles más grandes, las cotorras que hacen grandes nidos tan altos, como para apoderarse del aire, del sol y el silencio. Luego regreso a mi casa tan linda, mi casa tan pintada, mi casa tan acogedora  sintiendo el calor suave y confortable como de un amigo. Abro la puerta y ella me recibe con sus brazos abiertos, el ambiente está cálido, apropiado para sentarme a la mesa de la computadora. Abro el ícono de mi tarea para el taller literario, leo y releo las consignas, mi mente comienza a buscar la esquiva inspiración, poco a poco comienzo a escribir.

Pasado el mediodía nos sentamos a comer, conversando alegremente ó haciendo alguna broma. Luego de almorzar, el sol entra espléndido por el corredor que da al jardín diciéndome: aquí estoy amigo que siempre me buscas, aprovéchame pues se acercan nubes. Luego del descanso a la hora de la siesta la tarde se presenta corta, el anochecer se adelanta, es invierno, ya volverá la ansiada primavera. Así transcurre el día, así transcurre la vida, con su calor, frio, belleza y fealdad, esperando un mejor mañana…