lunes, 19 de agosto de 2013

VIDA


El árbol se conmovió por el hombre, se sacudió sus raíces y corrió para ayudarle, lo veía débil y cansado. Al mismo tiempo el sol desplegó su puente de luz y calor; entonces el Hombre se reconfortó; el refrescante líquido caía por su garganta,dandole una limpida sensación de frescura.De pronto el Hombre sonrío,pues volvia a oir la algarabía de los niños,que se esparcia por todo el universo,los dedos nuevamente corrian ágilmente sobre la pared,pintando hermosas figuras,el milagro se presentaba otra vez;el corazón se abrió de par en par,el Hombre entregó su amor,y asi los primorosos colores de la primera mañana,se desplegaban alegremente.
enriquericardofield.May-2013

La selva.

Inmensa se levanta la selva ancestral
se  espantan  las aves que nos llaman
por nuestros nombres.
De las ramas caen luces multicolores
y el verde se extiende
como un cielo con estrellas luminosas.
Algunos brazos de los árboles 
se desprenden por el  paso de los años.
El río y el sendero corren tomados de la mano.
Un río de hielo cae en mi garganta y  
el infinito se hace camino fatigoso y bello.
 Las perlas verdes cubren las laderas
 de las montañas
y un camino serpentea en lo alto;
la gente se tira sobre las copas de los árboles
El sol cae como agua fresca sobre la sedienta arena.

El fondo de un océano.


  El fondo de un océano.

Comencé a caminar por una ancha avenida sobre el fondo del océano, numerosos peces pequeños y grandes, rondaban a mi alrededor mirándome con sus ojos inocentes y con sus aletas me saludaban. Había piedras, incontables y coloridos corales a uno y otro lado; el agua se veía muy limpia y levantando la vista veía los rayos del sol que un poco deformados atravesaban el agua iluminando todo el océano. A uno y otro lado de la avenida, se levantaban las casas, cada una tenía como una chimenea muy larga que salía a la superficie para tomar el oxígeno necesario para ese pueblo sumergido en el fondo del océano. Las personas caminaban alegremente, con sus niños tomados de sus manos. No había autos pues contaminarían el lecho del océano, felizmente el Hombre se había dado cuenta, que en el fondo, todo era alimento, paz y armonía.