Me siento despierto, profundo y grande cuando medito las
cosas de Dios. Estoy contento y plenamente feliz.
A mi lado siempre está mi amigo-hermano como yo lo llamo.
Nos sentamos junto a la mesa, ó cercanos a su añosa arboleda reflexionando
sobre el pastor y su rebaño. Suenan en nuestros oídos aquellas santas palabras:
“yo las conozco por su nombre y ellas me conocen a mi”
Un pájaro se posa sobre el árbol, una pluma se despide suave
y lenta como gota de rocío, y en el lejano firmamento, aletea la paloma de la
paz. Siento con mis dedos su perfume, con mis oídos su celestial melodía y con mis ojos me lleno
de ella.