MIS AÑOS PLATEADOS
La madurez se hizo
carne en mí,
los hijos se van con
nuevos rumbos.
Siento la soledad;
sobran habitaciones.
Los días largos, sin trabajo.
Llegaron los adorados
nietos:
el mayor tranquilo,
sereno, en silencio.
El menor, revoltoso, habla
con voz en cuello.
La risa se dibuja en mi
rostro.
Todo cambió, todo el
tiempo
es para ellos.
Pesa la rutina y llega
el cansancio;
no importa, mañana será
otro día.
La esperanza
abierta,
el pie
firme sobre el suelo.
Enriquericardofield/2016
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