Microcuento,allá por el 1830
Corría el año 1830, el gran salón de la vieja casona estaba
debidamente preparado y adornado para recibir a los huéspedes a partir de las
20 horas puntualmente como se * acostumbraba en aquella época. Todos fueron
llegando (a partir de las 22 hs). Los (1) caballeros y las damas se saludaban: ¡hola Montes de Oca!
¡Como está Don Anchorena! ¡Ah! ¡Doña Gertrudis qué bonito vestido! luego se sentaron a la mesa vestida con finos
manteles, platos de cerámica de Italia, cubiertos de plata del Egipto y copas
de cristal; los sirvientes iban y venían atendiendo a tantos comensales en esa
lúgubre noche. Uno de los hombres decía:
oigan, en mi última cacería en África cacé un enorme león yo solo, qué les
parece soy un gran cazador mientras su mujer discretamente miraba a un hombre
joven sin poder evitar este pensamiento: ¡yo también! Otro comentaba: compré
500 hectáreas de tierra para aumentar* mis cultivos.
Luego de la suculenta comida y exquisitos postres, comenzó
la música y las parejas se fueron preparando para bailar los valses de Strauss,
tan de moda en esos años. La mujer emperifollada le dice a su pareja: ¡qué bien
bailas, pero quita tu pie de encima del mío! Se destacaba entre ellos una joven
pareja, que bailaba el vals ante el aplauso de todos. Entre tanta algarabía la
música paró de golpe, las puertas se cerraron y todos se sintieron como
transportados en el tiempo. Una banda de diez hombres con su cara cubierta
amenazaron en voz alta: ¡que nadie se mueva, todos sentados, esto es un asalto! Ante los gritos de mujeres y hombres
los fueron despojando de sus joyas, dinero y todo cuanto tenían. Luego de
semejante susto todos se incorporaron, la música volvió a sonar y alguien en
voz alta dijo: ¡A bailar, el espectáculo debe continuar!
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