lunes, 21 de octubre de 2013

Allá por 1830






   Microcuento,allá por el 1830
Corría  el año 1830,  el gran salón de la vieja casona estaba debidamente preparado y adornado para recibir a los huéspedes a partir de las 20 horas puntualmente como se * acostumbraba en aquella época. Todos fueron llegando (a partir de las 22 hs). Los (1) caballeros  y las damas se saludaban: ¡hola Montes de Oca! ¡Como está Don Anchorena! ¡Ah! ¡Doña Gertrudis qué bonito vestido!  luego se sentaron a la mesa vestida con finos manteles, platos de cerámica de Italia, cubiertos de plata del Egipto y copas de cristal; los sirvientes iban y venían atendiendo a tantos comensales en esa lúgubre noche.  Uno de los hombres decía: oigan, en mi última cacería en África cacé un enorme león yo solo, qué les parece soy un gran cazador mientras su mujer discretamente miraba a un hombre joven sin poder evitar este pensamiento: ¡yo también! Otro comentaba: compré 500 hectáreas de tierra para aumentar* mis cultivos.
Luego de la suculenta comida y exquisitos postres, comenzó la música y las parejas se fueron preparando para bailar los valses de Strauss, tan de moda en esos años. La mujer emperifollada le dice a su pareja: ¡qué bien bailas, pero quita tu pie de encima del mío! Se destacaba entre ellos una joven pareja, que bailaba el vals ante el aplauso de todos. Entre tanta algarabía la música paró de golpe, las puertas se cerraron y todos se sintieron como transportados en el tiempo. Una banda de diez hombres con su cara cubierta amenazaron en voz alta: ¡que nadie se mueva, todos sentados, esto es un  asalto! Ante los gritos de mujeres y hombres los fueron despojando de sus joyas, dinero y todo cuanto tenían. Luego de semejante susto todos se incorporaron, la música volvió a sonar y alguien en voz alta dijo: ¡A bailar, el espectáculo debe continuar!

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