lunes, 2 de septiembre de 2013

Ana, la modista.

                                                          Ana la modista
Ana es una modista con muchos conocimientos y muy diestra en lo suyo. Es alta, de cabello largo color  castaño que cae sobre sus hombros y un rulo que suavemente, apoya  sobre su frente amplia.  Su cara levemente redonda  y con pómulos salientes, sus labios carnosos, sensuales y muy bien dibujados. Sus brazos delgados y manos  con dedos  largos y finos, terminan en sus uñas siempre pintadas. Sus ojos grandes de color verde mar, son casi transparentes. Luce una blusa de mangas largas, lisa, de color púrpura y pantalones negros ajustados, caen  sobre su calzado con muy poco taco.  Sus modales son suaves, su hablar pausado. Vive sola pues su madre, compañera de tantos años murió hace meses. Su casa es sencilla, limpia, y con todas sus cosas en orden. Parece una extensión de ella misma. Todos los ambientes están pintados y arreglados con fino gusto por todo: las cortinas, los muebles, su habitación de costura, donde se observa una gran espejo reclinable enmarcado en madera oscura. Una araña central, con varias luces y delante del espejo una alfombra con detalles de flores en sus cuatro esquinas. Luego los estantes donde descansan sus elementos de trabajo: aguja, hilo, alfileres y también una biblioteca con libros.  La habitación se muestra luminosa y colorida.
Un día se presenta un hombre para que le confeccione una camisa a medida, pues pronto tendrá que viajar. Ella responde afirmativamente y lo hace pasar a su habitación de costura, los dos se observan. Ana comienza tomando la medida de su cuello, el largo de los brazos y el torso. Sus finos dedos tocan suavemente la piel del hombre, y siente un pequeño estremecimiento. Luego le explica que ella usa una tela muy fina de marca Mónaco para confeccionarla y que el tendrá que elegir el tipo de cuello, el ancho de los puños y los botones.  A la semana ella prepara un molde con sus medidas, y el se lo prueba. Ana recorre con sus manos el cuello y deja deslizar sus dedos sobre los brazos para ajustar sus medidas.  Nuevamente los dos sienten el contacto tibio y se sonríen. El es más alto y de buena contextura física, demuestra ser una persona educada en sus modales. Ana lo mira con discreción, su altura, su aspecto, su hablar.
En las otras sesiones de costura, conversan y sonríen juntos, disfrutando del momento. El mira sus ojos verdes, sus labios y su cuerpo.  Ana le pone más atención a su cliente, y siente  que le agrada estar con él, huele el perfume sobre su piel, en  realidad los dos se siente  muy a gusto. En la prueba final Ana le ayuda a ponerse la camisa y abrocha sus botones. Uno por uno, mientras recorre su camisa y su cuerpo; la invade una especial emoción, acomoda  su cuello, sus puños, alisa su espalda y su pecho y comienza a sentir un deseo de cercanía dulce y plácida. El  le dice que ha hecho un excelente trabajo al que Ana responde con su más bella sonrisa.

El hombre se despide dándole la mano, que retiene unos instantes, sus ojos se depositan en sus labios.

2 comentarios:

  1. Muy detallado y romántico relato con final abierto amigo Quique!!

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  2. Gracias Lao,es una alegría que te guste.Ahora subí pequeños poemas.

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