Ana la modista
Ana es una
modista con muchos conocimientos y muy diestra en lo suyo. Es alta, de cabello
largo color castaño que cae sobre sus hombros
y un rulo que suavemente, apoya sobre su
frente amplia. Su cara levemente redonda y con pómulos salientes, sus labios carnosos,
sensuales y muy bien dibujados. Sus brazos delgados y manos con dedos largos y finos, terminan en sus uñas siempre
pintadas. Sus ojos grandes de color verde mar, son casi transparentes. Luce una
blusa de mangas largas, lisa, de color púrpura y pantalones negros ajustados,
caen sobre su calzado con muy poco taco.
Sus modales son suaves, su hablar
pausado. Vive sola pues su madre, compañera de tantos años murió hace meses. Su
casa es sencilla, limpia, y con todas sus cosas en orden. Parece una extensión
de ella misma. Todos los ambientes están pintados y arreglados con fino gusto
por todo: las cortinas, los muebles, su habitación de costura, donde se observa
una gran espejo reclinable enmarcado en madera oscura. Una araña central, con
varias luces y delante del espejo una alfombra con detalles de flores en sus
cuatro esquinas. Luego los estantes donde descansan sus elementos de trabajo:
aguja, hilo, alfileres y también una biblioteca con libros. La habitación se muestra luminosa y colorida.
Un día se
presenta un hombre para que le confeccione una camisa a medida, pues pronto
tendrá que viajar. Ella responde afirmativamente y lo hace pasar a su
habitación de costura, los dos se observan. Ana comienza tomando la medida de
su cuello, el largo de los brazos y el torso. Sus finos dedos tocan suavemente
la piel del hombre, y siente un pequeño estremecimiento. Luego le explica que
ella usa una tela muy fina de marca Mónaco para confeccionarla y que el tendrá
que elegir el tipo de cuello, el ancho de los puños y los botones. A la semana ella prepara un molde con sus
medidas, y el se lo prueba. Ana recorre con sus manos el cuello y deja deslizar
sus dedos sobre los brazos para ajustar sus medidas. Nuevamente los dos sienten el contacto tibio y
se sonríen. El es más alto y de buena contextura física, demuestra ser una
persona educada en sus modales. Ana lo mira con discreción, su altura, su
aspecto, su hablar.
En las otras
sesiones de costura, conversan y sonríen juntos, disfrutando del momento. El
mira sus ojos verdes, sus labios y su cuerpo. Ana le pone más atención a su cliente, y
siente que le agrada estar con él, huele
el perfume sobre su piel, en realidad
los dos se siente muy a gusto. En la
prueba final Ana le ayuda a ponerse la camisa y abrocha sus botones. Uno por
uno, mientras recorre su camisa y su cuerpo; la invade una especial emoción,
acomoda su cuello, sus puños, alisa su
espalda y su pecho y comienza a sentir un deseo de cercanía dulce y plácida. El le dice que ha hecho un excelente trabajo al
que Ana responde con su más bella sonrisa.
El hombre se
despide dándole la mano, que retiene unos instantes, sus ojos se depositan en
sus labios.
Muy detallado y romántico relato con final abierto amigo Quique!!
ResponderEliminarGracias Lao,es una alegría que te guste.Ahora subí pequeños poemas.
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