El
fondo de un océano.
Comencé a caminar por una ancha avenida sobre el fondo del
océano, numerosos peces pequeños y grandes, rondaban a mi alrededor mirándome
con sus ojos inocentes y con sus aletas me saludaban. Había piedras,
incontables y coloridos corales a uno y otro lado; el agua se veía muy limpia y
levantando la vista veía los rayos del sol que un poco deformados atravesaban
el agua iluminando todo el océano. A uno y otro lado de la avenida, se
levantaban las casas, cada una tenía como una chimenea muy larga que salía a la
superficie para tomar el oxígeno necesario para ese pueblo sumergido en el
fondo del océano. Las personas caminaban alegremente, con sus niños tomados de
sus manos. No había autos pues contaminarían el lecho del océano, felizmente el
Hombre se había dado cuenta, que en el fondo, todo era alimento, paz y armonía.
No hay comentarios:
Publicar un comentario