11-12-2012 Pequeño cuento.
Erase una
vez un hombre mayor, Gervasio Ignacio, a quien le gustaba caminar en las tardes
soleadas de otoño. Siempre vestía traje, sus zapatos de primera marca, y si
hacia frio, hasta sombrero y sobretodo. En esas cuadras, siempre lo acompañaba
un amigo, hijo de un vecino del barrio, de nombre Eusebio.
Hola Don Gervasio Ignacio!, hola Eusebio, ¿cómo estás? ¡Que linda tarde!
En las
primeras recorridas juntos, Eusebio vestía de forma informal, cómodas
zapatillas de acuerdo a su juventud. Pero con el correr del tiempo, Gervasio Ignacio,
comenzó a observar, que Eusebio iba a la par de él, al mismo ritmo de sus pasos,
y llegando el invierno, ya no usaba ropa así nomás, llevaba traje y corbata, y
un pequeño sombrero. Si, Eusebio lo imitaba en todo, pues para trabajar, el también
usaba un portafolios; sería que lo veía a Gervasio Ignacio, siempre tan pulcro,
bien vestido, de finos modales, educado.
Y así fue pasando
el tiempo, y Eusebio hasta se ponía anteojos para el sol, como don Gervasio Ignacio,
saludaba de igual manera; lo había tomado como todo un ejemplo.
Mirándolos
desde lejos, los vecinos, ya no distingan si Eusebio era Gervasio Ignacio o al revés,
pues pasó el tiempo ¡y hasta en altura lo imitó!
Pero Eusebio
no se conformó. Al volver de la caminata a su casa, la esposa de Gervasio Ignacio,
se llevó una sorpresa; cuando los vio acercarse a través de la ventana, saludó
con la mano en alto, pero el que respondió fue Eusebio, qué me cuentan, ya no
se distinguían el uno del otro. En el trabajo, pasó igual: buen día Gervasio, buenos días respondió, muy suelto
de cuerpo, Eusebio.
Tanto lo imitó,
desde los pequeños detalles del caminar, el balanceo de las manos, en su ropa y
modales, hasta que finalmente Eusebio y Gervasio Ignacio, ¡eran una sola
persona! Y así, para todos los vecinos, sus
compañeros de trabajo, en su propia casa, Eusebio ocupó totalmente, el lugar de
Gervasio Ignacio.
Muy bueno Enrique!! Muy ingenioso, bien escrito. El cuento te atrapa y te lleva de la mano----
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