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Poema a mis nietos.
Ángeles dulce, puros, regalos de ternura, picardía y juegos
compartidos.
Amor pleno, verdadero, brindado al darles un beso,
una suave caricia, aterciopelada como una rosa,
al apretujarlos contra nuestro corazón sincero.
El dulce perfume de la flor impregna mi hogar
refugio para el descanso en los brazos de la música, del
libro,
aquietado en orante silencio.
Corretea el perro, fiel compañero de aquellos días.
Apoya su hocico en mi pierna,
esperando una gratificante caricia.
Todo es paz y armonía.
¡que lindo amigo Quique! ¡ cada niño nos acerca al cielo!
ResponderEliminarEs verdad. Gracias!
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