viernes, 2 de enero de 2015

Distintas figuras.

    Vacilaciones          Dic.2014                                                                                                                                                                En el último banco ¿o en el primero? De la vieja iglesia, ¿o de la nueva? Se sienta un hombre  o una mujer? No, no, un hombre. ¿De cabello negro? No, de panza abultada.
De pronto, mete la mano en el saco ¿o en el bolsillo del pantalón? Toma un cigarrillo y comienza a fumar tirándome el humo a la cara ¿O hacia los zapatos? Mis ojos desorbitados lo miran  fijamente, pero el hombre de sombrero, bufanda y abrigo ¿o de camisa suelta? continúa con su insolencia como si tal cosa. Entonces mi codo ¿o mi mano?  No, mi codo lo empuja discretamente, luego con cierta dosis de ira ¿o de alegría? Ante la testarudez del hombre, me levanto y me paro en un rincón.
Más tarde ¿o más temprano? lo encuentro en un almacén ¿o en la carnicería? acompañado por una mujer, quien le explica a los gritos ¿o susurrando? Que debe dejar de lado su horrible y enfermizo vicio.

  
Retrógrado
La mujer le explica al hombre que debe dejar su vicio de fumar. Ocurrió en un almacén luego de que el hombre se sentara en el último asiento, y se pusiera a fumar echando el humo, sobre la persona que estaba a su lado. Éste empezó a empujarlo con el codo, para que se corriera. El otro hizo caso omiso, con su cuello regordete y su panza abultada que no le permitía usar cinturón. Esto ocurrió  en el último banco de la vieja iglesia.

Injurioso
En el último banco de la vieja iglesia se sienta junto a mí, un hombre de cuello regordete como el del sapo y panza abultada como mujer embarazada de seis meses.
De pronto el cínico mete su mano en el saco, saca un cigarrillo y el tarado éste empieza a fumar tirándome el humo en la cara. Para no quedarme atrás le pego un codazo con furia para que se fuera mirándolo fijamente como diciendo porqué no te vas un poquito al carajo, gordo con sombrero, bufanda y abrigo, apestoso y maloliente. Al fin me paré en un rincón para no sacarlo a patadas en el trasero.

Más tarde, al loco lo veo en el almacén parloteando como un loro con una mujer, quien le explica a los gritos que debe dejar su vicio sucio y enfermizo.


De este cuento se derivan las distintas figuras.

En el último banco de la vieja iglesia, se sienta junto a mí, un hombre de cuello regordete y panza abultada que le impedía usar cinturón. De pronto, mete su mano en el saco, toma un cigarrillo y comienza a fumar, y para colmo de males tirándome el humo hacia  mi cara. Mis ojos desorbitados por la escena, lo miran fijamente pero el hombre de sombrero, bufanda y abrigo, continúa con su insolencia como si tal cosa. Entonces mi codo empezó a empujarlo primero discretamente, luego con cierta ira y pidiendo perdón  para que se corriera. Ante la imposibilidad de lograr algún resultado, me levanté y me quedé parado en un rincón.
Más tarde lo encuentro en un almacén, acompañado por una mujer, quien le explica  a los gritos que debe dejar de lado su horrible y enfermizo vicio.

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