jueves, 1 de mayo de 2014

¡Fantasmas!

¡Fantasmas! Por las noches cuando el firmamento permanece oscuro en todo su esplendor, a lo lejos veo un montón de ojos negros, grandes, sin pupilas que todo lo observan desde los abismos. ¿Me pregunto quienes serán? Parecen no tener vida, son muy extraños, son muy inquietos. Durante el día se oyen ruidos, por las noches quejidos como risas. Tal vez los habiten espíritus inquietos que buscan estar en paz en los infiernos. En las madrugadas los oigo moverse como estáticos y miran por todos lados. Me impresionan sus ojos tan grandes alargados y cuadrados. Una noche vi que salían grandes fantasmas, figuras blancas como murciélagos que empezaron a volar sobre las casas vecinas; qué horror, de pronto uno de ellos, entró en una casa y levantó como en brazos a una persona y la llevó a su escondite bien visto. Se hizo silencio y los grandes ojos miraban en todas direcciones. Al rato sale otro fantasma, elige una casa, entra en ella y se lleva a otra persona. Qué terrible pensaba, que les pasará después. Al día siguiente me levanto sin haberme acostado, corro las persianas y veo los grandes ojos inmersos en una oscuridad brillante; todo estaba tranquilo, como noche de carnaval. Luego llaman a mi puerta, me acerco despacio, el repartidor me trae el diario como todas las mañanas; con todo el peso de mis sospechas ciertas, abro la página de noticias policiales y leo : ¡dos personas desaparecieron de sus domicilios, durante la noche! Estaba lleno de miedo, y ahora qué hago, si lo cuento nadie me creerá porque nunca vieron un fantasma. Qué terrible saber la verdad y no poder contarlo. De pronto golpean a mi puerta: ¡levántate son las siete! El sueño quedó atrás. El edificio estaba casi terminado.

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