Ensayo de la rutina
Abro los ojos a la nueva mañana recorriendo con la vista mi
dormitorio. La casa está en silencio, desperezándose al nuevo día.
Coloco mis medias y tomo mis pantuflas ya gastadas por el paso del tiempo.
A veces pienso que ellas me preguntan; ¿hoy a donde quieres ir? Yo
respondo: a ningún lado estoy muy bien aquí. Preparo mi desayuno con tostadas,
queso y mermelada. Mi mente vaga tranquila, tranquila, tranquila. Disfruto
del silencio de la casa que me dice tantas cosas. Luego, a levantar las
persianas, me encanta que entre la luz y el sol, también la de los dormitorios,
y las de delante de la casa. Miro el jardín a través de la ventana, el frio
se ha depositado sobre las plantas.
El sol comienza su lento caminar para darnos calor y abrigo. Alguna nube
se entrecruza en su camino. Los árboles se ven desnudos, sus hojas se fueron
con el viento, la gente pasa por la vereda, con sus abrigos para retener el
calor. Me saludo con algún vecino: ¡hola! Respondo al zapatero, tenía tantos
zapatos que se olvidó de su esposa.
A mitad de mañana salgo a caminar por la plaza. Veo poca
gente caminando, el sol va esparciendo sus rayos, me acaricia la frente y la
cara. Escucho los cantos de los pájaros, suaves como melodía lejana y allá muy
arriba en los árboles más grandes, las cotorras que hacen grandes nidos tan
altos, como para apoderarse del aire, del sol y el silencio. Luego
regreso a mi casa tan linda, mi casa tan pintada, mi casa tan acogedora sintiendo el calor suave y confortable
como de un amigo. Abro la puerta y ella me recibe con sus brazos abiertos, el
ambiente está cálido, apropiado para sentarme a la mesa de la computadora. Abro
el ícono de mi tarea para el taller literario, leo y releo las consignas, mi
mente comienza a buscar la esquiva inspiración, poco a poco comienzo a
escribir.
Pasado el mediodía nos sentamos a comer, conversando
alegremente ó haciendo alguna broma. Luego de almorzar, el sol entra espléndido
por el corredor que da al jardín diciéndome: aquí estoy amigo que siempre me
buscas, aprovéchame pues se acercan nubes. Luego del descanso a la hora de la
siesta la tarde se presenta corta, el anochecer se adelanta, es
invierno, ya volverá la ansiada primavera. Así transcurre el día, así
transcurre la vida, con su calor, frio, belleza y fealdad, esperando un
mejor mañana…
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